|
Autor: León Villán E.
Socio N° 849
NOTA: Este artículo fue seleccionado del boletín oficial de ACHAYA de octubre de 1984
Aturdidos por los miles de estrellas que adornan el cielo nocturno y, por los miles de millones de soles constitutivos de nuestra galaxia, se nos pasa por alto cuantificar el inmenso volumen de espacio donde están dispersos estos brillantes entes, cual motas luminosas vagando por la negrura del vacío interestelar.
Miles de millones de estrellas, miles de millones de galaxias diluidas en un inimaginable abismo, hacen de nuestro Universo un excelente vacío, aun considerando el gas y el polvo interestelares. Sin embargo, como en muchos órdenes de cosas quienes destacan no son la mayoría, tan sólo una chispeante y fantasiosa minoría; oculta en el espacio existe una aún misteriosa cantidad de materia que parece constituir el 90 % del Universo, una real "mayoría silenciosa", como que hasta hace muy pocos años, si bien supuesta, no había sido detectada con alguna certeza.
Tal sospecha deriva ya de los estudios de F. Zwicky, hace 50 años, y su solución tiene una muy grande importancia para predecir el futuro del Universo, ya que según sea su contenido de materia la expansión iniciada con un Big Bang hace unos 15 mil millones de años, se prolongará en una diluida infinidad o bien, frenada por la acción gravitatoria, le seguirá un proceso de contracción. Hasta el momento la masa visible, como galaxias y estrellas, o detectable, como gas y polvo, no es suficiente para detener la expansión.
Recientemente, al estudiar la rotación de las galaxias espirales, Vèra Rubin (Carnegie Institute, Washington) y sus colaboradores, concluyeron que la masa invisible no está repartida de manera uniforme entre las galaxias del cúmulo, sino que se concentra alrededor de éstas, dentro de una vasta región que tiene la forma de un esferoide achatado llamado halo. Tales formaciones contendrían 9 décimas de la masa total; el décimo restante lo constituiría la materia visible.
Ya en 1978 F. Hartwick y W. L. W. Sargent demostraron, al estudiar el movimiento de los cúmulos globulares y las galaxias enanas, ambos sistemas satélites de nuestra galaxia, que la masa real era muy superior a la observable, y la distribución de ella era una función lineal de la distancia al centro galáctico, mientras que el número de estrellas disminuye rápidamente para llegar a anularse. Sin embargo, este estudio y otros similares, al apoyarse en ciertas hipótesis les dan un poco razonable grado de incertidumbre. No sucede lo mismo con el trabajo reciente de M. R. Hawkins del Observatorio Real de Edimburgo, escocia, quien acaba de aportar una prueba directa y convincente sobre la existencia de un halo masivo e invisible alrededor de nuestra galaxia.
Hawkins fotografió por años regiones del cielo en dirección del halo galáctico con el telescopio de gran campo de 1.2 metros de Siding-Springs en Australia. Tales placas con cientos de miles de estrellas cada una, fueron analizadas automáticamente en busca de variables remotas, llegando a detectar una magnitud 20 que, bautizada R 15, resultó ser del tipo RR Lyrae. Este tipo de variable, es una real bujía estándar ya que se le conoce con buena precisión su brillo absoluto y, por tanto, es posible derivar la distancia que, para R 15, resultó ubicarla a 140 mil años-luz por sobre el plano galáctico, y a 180.000 del centro, una ubicación adecuada para medir la masa total de la Galaxia. El análisis espectral de esta estrella permitió ver que se aproxima a nosotros a 465 km/seg.
Suponiendo, siempre hay algo que suponer, que se trata de un miembro de nuestra Galaxia, y no de una estrella expulsada hacia nosotros desde una delas galaxias enanas del grupo local, Hawkins deduce un límite inferior para la masa contenida en la órbita de 15 de 1.4 x 1012 masas solares con una incertidumbre del 16 %. Como comparación la masa luminosa, que es esencialmente el disco galáctico solo es de 1.4 x 1011 masas solares, exactamente 10 veces menos. Resulta que el 90 % de la masa de nuestra Galaxia se oculta en un monstruoso halo que envuelve al disco estelar.
Si bien Hawkins demuestra, sin mayores dudas, la existencia de la masa invisible y su mosto, queda por averiguar su naturaleza y forma de agregación.
Las respuestas van desde hoyos negros y estrellas de neutrones, hasta neutrinos con cierta masa. La primera opción considera los restos de una muy primitiva generación estelar, que nació cuando la Galaxia era una esfera que evolucionaba hacia su actual forma espiral. La segunda opción se afirma en la reconocida abundancia de los neutrinos así como en la incertidumbre de su masa. |