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Astrofotografía junio 12/2011 PDF Imprimir E-mail
IMG_2244-1024Foto de la Semana

De: Ricardo Lira

Luz de Luna sobre el mar Pacífico a la espera del eclipse Lunar
21 diciembre 2010 1:41 AM
Texto completo escrito por Ricardo Lira, de la experiencia vivida por la captura de imágenes del Eclipse Lunar.

 

Empezaba una nueva semana, otro lunes más y como todos los lunes… estoy cansado, muy cansado, esta vez por un fin de semana realizando compras de navidad… aún me quedaban regalos pendientes, pero aquel lunes tenía un matiz, no era el lunes típico, terminada la jornada laboral debía ir al colegio de mis hijos para la entrega de los informes de fin de año y posteriormente preparar mi equipo para salir de casería del último eclipse total de luna de la década.

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Me atrasé celebrando el excelente año escolar de mis dos peques, la idea original era partir hacia Valparaíso cerca de las 21:00hrs para reunirnos con un grupo de socios de SAVAL, quienes gentilmente nos invitaron a presenciar el evento astronómico a su ciudad, llegué recién a mi departamento pasadas las 22:30hr, estuve a punto de tirar la esponja, estaba cansado, con la guatita llena… la cama me llamaba, pero debía cumplir con mi invitado quien me había llamado para decirme que estaba atrasado, lo noté hiperventilado por lo que se aprestaba a presenciar, según sus propias palabras, su primer eclipse, en fin, mientras le daba vueltas al tema del ir o no ir y que excusa daba veo en mi teléfono móvil una llamada perdida de Eduardo Latorre, no, no puedo fallar me dije, Eduardo me había llamado a media mañana y me había preguntado si iría a Valparaíso, mi respuesta ambigua de “hasta ahora si”, tuvo una pregunta inmediata, ¿Qué te lo puede impedir?, no había nada que me lo impidiera, recordé la conversación de la mañana,  tome mi teléfono y devolví el llamado, Eduardo también se había atrasado y saldría de Santiago pasada las 23:00hr, que diablos me dije, Ok le respondí te llamaré cuando este en la carretera.

Tomé mi equipo, trípode, bolso con la cámara, telescopio y notebook incluido, todo al maletero del auto y pasé a buscar a mi invitado, Cristian Contreras, un ex compañero de trabajo y nuevo amigo aficionado a la astronomía, después de terminar de convencer a la pareja de Cristian que efectivamente iríamos a Valparaíso a presenciar el eclipse (bromeo) y luego de la despedida de rigor tomo costanera norte y raudamente enfilo hacia la V región, cuando me acercaba al aeropuerto nuevamente me llama Eduardo, creo que la llamada era para asegurarse que estaba en camino y no me había arrepentido, y me dice que se encuentra en uno de los servicentros de la Ruta 68, allí nos encontramos, nos presenta a sus hijos a la polola de uno de ellos, conversamos un rato y me cuenta que Alejandro Nuñez ya se encuentra en la casa de uno de los socios de SAVAL, Domingo Gonzalez, y que hay como 12 personas más, le propongo a Eduardo, producto de la hora y de que somos 6 personas más, irnos directamente al lugar de observación, un mirador al inicio de la cuesta que baja a Laguna Verde, Eduardo también es partidario de irnos directamente al lugar de encuentro pero debe obligadamente pasar a Valparaíso a buscar a un sobrino quien también nos acompañaría… la cosa prometía, seríamos 7 personas, más los 12 que se encontraban en Valparaíso uff!! esta cosa será la media fiesta.

Llegamos al sector del muelle Barón a la casa del sobrino de Eduardo, conversamos un rato apoyados en nuestros vehículos y Eduardo llama nuevamente a Alejandro para informarle que somos 7 personas y que nos iríamos al lugar de encuentro.

Me percaté que el ambiente ya estaba bastante húmedo y la idea de sacar telescopio y notebook no sería buena, bueno, partimos hacia Laguna Verde, llegamos cerca de las 02:00 al mirador, la noche estaba espectacular, la luna iluminaba todo el paisaje, llegaron algunos vehículos, pero se marchaban en forma inmediata, “bueno muchachos, ¿bajamos?” , la idea era bajar por la ladera del cerro para instalarnos pasado un grupo de arboles que se encontraban un poco antes del acantilado, justo en momentos que nos preparábamos para empezar a bajar llegó el grueso del grupo que se encontraba haciendo hora en la casa de Domingo, saludamos en forma general, conversamos con Alejandro y nos dice que ellos bajarían en un rato más, por lo que a nosotros nos convocaba tomamos nuestros equipos y bajamos, los primeros metros una pendiente algo pronunciada, después descendimos suavemente hasta el lugar que habíamos escogido y que habíamos visualizado en Google Earth… que noche más espectacular, no se veían nubes, no hacia frío, no había viento así que a desempacar, sacar trípodes, buscar la mejor ubicación, montar las cámaras, habían 4 cámaras réflex preparándose para el evento de las cuales 3 aportaba Eduardo, montar los lentes, conectar los disparadores… había mucha emoción, y el momento mas expectante… encender la cámara y realizar el primer disparo hacia la luna que nos iluminaba.

Ya instalado enciendo mi cámara y con horror veo en la pantalla el mensaje “sin tarjeta”… qué!!!!!, casi me fui acantilado abajo del impacto, como tan gil de no haber revisado en Santiago si la cámara tenía o no su tarjeta SD instalada… no puede ser, estoy soñando, es una pesadilla, la verdad es que me confié ya que siempre mantengo la tarjeta en la cámara, Cristian quien probaba su Powershoot con el programa CHDK del cual se enteró de su existencia en el congreso de astrofotografía, me pregunta que pasaba y le cuento, “no te preocupes” me dice, “tengo varias tarjetas aquí”, respiré, y mientras lo hacía recordé que tenía una tarjeta de reserva en un bolsillo de la mochila de la cámara, menos mal, así que después de ese impase empecé a realizar disparos de prueba, estábamos impacientes, la hora no avanzaba y ya estábamos listos para registrar el magno evento, a lo lejos escuchábamos la voz de Alejandro y luego risas… parece que arriba la cosa esta buena, pero en fin, los que ahí estábamos, listos con nuestras cámaras, esperábamos el comienzo del eclipse, matamos el tiempo observando el cielo hacia el sur, y como no, disparando las cámaras.

El resto del grupo definitivamente no bajó, veíamos los rayos de luz verde de los láser que apuntaban objetos desde el mirador, nosotros a unos 300 metros cerro abajo hacíamos lo mismo, el tiempo avanzaba lento, aparecieron las galletas, los termos con café… algo comí, no tenía ni hambre, ni sueño, solo quería que empezara luego el eclipse, de vez en cuando tenía algunos lapsus de responsabilidad laboral… pero al diablo, lo estaba pasando súper rodeado de un gran grupo de amigos, en la oficina veré como me las arreglo me decía, en fin, llegó el momento y empezamos a disparar, “ ¿a qué ISO estas disparando?”, “¿qué apertura de diafragma?”, “¿qué velocidad?”, fueron las preguntas que de puesto a puesto nos hacíamos y revisábamos las imágenes capturadas en las pantallas de nuestras respectivas cámaras, Cristian por su cuenta realizaba unos time laps, estaba viviendo su primer eclipse, se veía mas feliz que niño con un dulce en la boca, así estuvimos hasta que de pronto empezamos a ver como desde el norte se acercaban nubes.

No!!!, no puede ser, primero el eclipse de sol del cual no vi nada y nadie pudo ver nada desde Santiago, yo al menos desde nuestro Observatorio de Pochocho no vi nada, y mi hija Fernanda la más desilusionada aquel día, no podía ser, dos veces en un año no!!!… al cabo de un tiempo, la luna desapareció detrás de las nubes, “se acabó” dije, ingenuamente y esperanzados esperamos que pudiera abrirse una ventana y poder observar, después de una media hora decidimos partir de regreso a Santiago y si encontrábamos un lugar adecuado nos instalaríamos ahí y seguiríamos con nuestra sesión de fotografía, nos sentíamos como unos verdaderos caza eclipses, al más puro estilo de la película “Tornado”, la recuerdan?.

Al momento de desmontar nuestras cámaras nos percatamos que estaban absolutamente mojadas por la humedad ambiente…mmm ¿y los lentes?, algo empañados… que lastima, las fotos no serían de lo mejor, después de unos minutos empezamos el ascenso hacia el mirador, Cristian me decía de vez en cuando “para, para, necesito descansar”… “ahora si que dejo de fumar”… típico comentario del fumador que cuando se ve afligido promete algo que difícilmente cumplirá, es más, estoy seguro que sigue fumando como lo hacía hasta antes del 21 de diciembre.

Llegando al mirador nos gritan que nos dirijamos al camino La Pólvora, que de ahí se ve…” ok!!!” les respondo, “allá los buscamos”. Después de unos minutos llega el resto del grupo de Eduardo al mirador, todo el equipo a los vehículos, esta vez semi armado, y enfilamos hacia el camino La Pólvora, unos metros saliendo del mirador era posible apreciar la luna, sin embrago decidimos seguir el plan de irnos al camino La Pólvora, una vez allí aplicamos acelerador para lograr alcanzar la caravana de nuestro grupo, veo unos metros más adelante una caravana, parece que es la nuestra, los alcanzamos, algunos de ellos se detuvieron en la berma… no reconocí ninguno de los vehículos, y no vi a Alejandro, chuatas!!! Qué hacemos!!!... el cielo se veía totalmente despejado, unos pocos metros más adelante se veía un camino que se internaba hacia nuestra derecha, entramos, avanzamos unos 100 metros y un nuevo camino hacia la derecha, por sobre este se empinaba nuestro satélite casi eclipsado en su totalidad, el grupo que alcanzamos nos siguió y al final de cuentas habíamos unas 15 personas observando y fotografiando el evento, me interné caminando con mi equipo unos 50 metros y empecé a disparar nuevamente, estaba totalmente oscuro, no habían luces que molestaran, excepto algunos flash de los otros asistentes que se disparaban en forma accidental, pero nada más, no podía ser mejor, eran cerca de las 05:00 AM o tal vez ya pasadas, se veía Venus por el oriente, de pronto, nuestra luna eclipsada otra vez empieza a desaparecer, nuevamente nubes, pero esta vez ya estaba satisfecho, había presenciado el último eclipse lunar total de la década y lo había registrado con mi cámara, solo esperaba que el resultado fuera satisfactorio, ahora sí, se acabó.

Mi jornada había empezado a las 07:30AM del lunes 20, llevaba 22 horas despierto y me quedaban un par de horas más hasta llegar a Santiago, no era mi primera vez en todo caso que estaba mas de 24 horas sin cerrar los ojos, he vivido situaciones similares por temas laborales, pero esta vez había sido por gusto, por decisión propia, por algo que quise hacer y lo hice, quedaron registros, no tan buenos como esperaba, pero ahí están como testigos de aquella jornada… una jornada que no olvidaré.

 

Ricardo Lira.