EL CIELO DEL ANOCHECER
Al oriente luce Régulo del León y sobre ella la alargada y tenue Hidra, delineada por estrellas débiles entre las que destaca Alphard, a la derecha y por encima de Régulo.
Al norte culminan el Toro y Orión y, sobre el horizonte, Capella del Cochero, a cuya derecha lucen los Gemelos Cástor y Pólux.
En el poniente Fomalhaut del Pez Austral, en tanto, al sur se elevan por la izquierda del polo la Cruz del Sur seguida por Alfa y Beta de Centauro, mientras culmina Canopo con Achernar a la derecha
EN EL CIELO NOCTURNO... RIGEL
Martin George (“Southern Sky” Astronomy December 2011) recuerda sus inicios en la astronomía, “tutelados” por la constelación de Orión el Cazador, la primera que aprendió a “leer” en el cielo nocturno; recuerda sus primera lección en el planetario de Hobart, Tasmania, cuando el trío de perlas del cinto del cazador le llevaron a captar a la rojiza Betelgeuse y a la blanco-azulado Rigel.

Como todos los que se iniciaban en la observación les llamaba la atención la inversión que, respecto al hemisferio norte, se daba en el conjunto del Cazador seguido por sus Canes y enfrentando al Toro.
Rigel en esta época la vemos en su elevada culminación boreal y es el mas relevante ejemplo de estrella supergigante azul, con una masa de aproximadamente 20 veces la de nuestro Sol y un diámetro 70 veces superior. Este tipo de estrellas eventualmente evolucionan en supergigantes rojas.
Con una magnitud absoluta de –6,8 es 45.000 veces superior al Sol y, a 800 años-luz de nosotros se nos presenta con una magnitud aparente de 0,12. Recordemos que la magnitud absoluta es la aparente cuando el objeto esta a 32,6 años-luz.
Si bien Rigel luce como una estrella solitaria a simple vista, tiene una compañera de séptima magnitud a 9,5”; esto la hace un buen blanco de prueba para telescopios moderados. Sin embargo el desbalance de brillos hace que la compañera quede “opacada” por la principal de modo que se precisa un instrumento refractor de 10 cm para resolver el par.
Otrosi: la compañera es doble pero tan próximas que solo puede detectarse con análisis espectral.

LOS PLANETAS
Al anochecer sobre el poniente luce Venus en Acuario con magnitud –4,2 sin elevarse demasiado sobre el horizonte dado el pequeño ángulo entre la eclíptica y el horizonte occidental. Al telescopio su disco cambia notoriamente de tamaño y aspecto durante el mes, así el 1 le vemos con 15” y 74% y, para el 29 con 18” y 64%. El día 10 merced a su conjunción (0,3° al norte) “denunciara” a Urano de magnitud 5,9... buena ayuda para contemplar al planeta de Herschel.
Tras Venus sigue Júpiter con magnitud –2,3 en Aries y sobre el NW; al telescopio despliega un disco de 38” suficientemente grande como para observar detalles de su atmósfera, algunos tan sutiles que destellan en los breves instantes de buena estabilidad atmosférica, otros notables y fáciles de captar como son sus dos oscuras bandas ecuatoriales.
Del 25 al 26 el delicado creciente lunar discurre por la zona del cielo donde están ambos planetas, ofreciendo un hermoso espectáculo a la contemplación que sigue a la puesta del Sol.
Mercurio sigue oculto en el entorno solar durante del mes alcanzando la conjunción superior el 7 del febrero y, si bien para fin del mes su elongación se empina a 17° este no se “despega” del horizonte del atardecer debido al esmirriado ángulo de la eclíptica.
Mientras tal sucede en el poniente por el oriente, en Leo, se asoma el rubicundo Marte en pos de Regulo y con una magnitud de –0,6 que, a lo largo del mes, incrementa hasta –1,2 en tanto que su disco varia de 11,8” a 13,8”. Es posible, aún con instrumentos menores visualizar el casquete polar norte y algunas marcas y zonas oscuras de su superficie.
Cerca de la medianoche toca el turno a Saturno en Virgo, siguiendo a Spica de quien dista menos de 10° y a la que, con magnitud 0,5 gana ligeramente en brillo. Con su disco de 18”, y sus anillos de 41” y a 15° de inclinación, es al telescopio la imagen que captura el interés de los noveles observadores del cielo nocturno. Con esta inclinación es posible capturar la División de Cassini, y a ello agreguemos su gran satélite Titán de octava magnitud.
León Villán E.
Socio 849 |